“Teen Wolf”: Querida Beacon Hills

Querida Beacon Hills,

Ha pasado mucho tiempo desde que te conocí. Tengo el placer de poder decir que nos vimos el primer día, aquel verano de 2011, porque empezaste siendo eso, una ciudad de verano. Aunque a mi no me diste un bolígrafo el primer día. Juro que no soy rencoroso, pero no olvido.

Recuerdo con claridad la primera luna llena, el cariño puesto en el episodio piloto, en ese cliffhanger primitivo que ahora películas de superhéroes emplean. Empezaste fuerte porque querías ser fuerte. Se notaba tu ambición de llegar lejos mezclada con una inocencia en el cast que embaucaba en cada plano. Diste cosas buenas desde el principio y eso te hacía bonita, mi favorita, de esas que no quieres que acaben porque te llegan el corazón. Porque aprendiste, como una de vampiros, a hacer lo sobrenatural natural, a hacer de lo extraordinario algo para abrazar. Y había algo en tu receta que hacía del plato algo hermoso: Un ingrediente llamado Tyler. También Dylan, en efecto, pero el primero te vivió en carne viva, te hizo suya, te brindó amor, dinero y producción, luchó por ti en los tiempos más oscuros y contigo él creció, aprendió a ganar pero también a perder. Le diste una madre, algo que necesitó; le diste un mejor amigo, un hombro en el que apoyarse; le diste amor por amor y esa relación traspasó pantallas de televisión.

No voy a mentir. También viviste eras de oscuridad impulsadas por pérdidas, problemas internos que no voy a recordar y decisiones de guion que te hicieron flaquear. Pero tranquila, al final te acordaste de que ibas al principio: De familia, de amigos, de amor. Para mi es agridulce decirte adiós porque hubo un tiempo en el que te quise eterna, pero toda llama se extingue. Ahora solo queda ver si de las cenizas renacerás como un ave fénix. No voy a ser incrédulo, pondré en ti las esperanzas que puse aquel verano de 2011. Creeré en ti como el primer día.

Gracias por darnos tres años de infarto y otros tres de taquicardias puntuales; gracias por darnos una pareja que aún habiendo perdido una contraparte una cruda noche de oscuridad siguió tan viva como al principio; gracias por esos 100 episodios de McCall, Stilinski, Argent, Hale, Martin, Tate. No te daré las gracias por olvidarte del origen, del cuidado, del cariño de antaño pero sí por acordarte en la última parada del viaje. Fue bonito mientras duro, fue hermoso volver a sentir lo que un día fuiste en tus dos últimas entregas.

Ahora soplan vientos de cambio, viento de redención. Espero que te protejas, que no maltrates, que mimes y cuides y que todo vaya bien. Con el corazón en un puño anhelo que todo vaya bien. Confío en que cierres puertas a lo que se quedó abierto y que con este primer paseo hayas aprendido que debes o no hacer, dentro y fuera de pantalla.

Esta carta es para ti, Beacon Hills. También para ti, Jeff Davis. Para los demás espero de antemano que esta haya sido una lección de vida. Sé que lo ha sido porque os he visto crecer, madurar, ser mejores personas.

Con los ojos empapados te confieso que te echaré de menos, pero no tanto como lo hice de 2014 a 2017. Nunca tanto.

Hasta la próxima, Lobitos. Esto no es un adiós, es un hasta pronto. Ya lo dijo Tyler Posey: “Aullad si nos necesitáis”. Yo llevo aullando desde que te vi nacer.

Sinceramente,

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Autor entrada: PreviouslyEmpire